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Tras el atentado de Las Vegas, es hora de tomarse en serio la seguridad privada

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Tags Gran GobiernoDescentralización y SecesiónEstrategia

10/03/2017

Tras el tiroteo del Aurora Theater, yo sugería que cabría esperar que los establecimientos del sector privado se preocuparan más por la seguridad de sus clientes. En el caso del Aurora Theater, se magnificó porque este estaba en una “zona libre de armas” y no permitía a los clientes portar sus propias armas como autodefensa. Al mismo tiempo, los dueños del cine no podían molestar en adoptar ni siquiera las medidas más rudimentarias para impedir que un asesino llevara despreocupadamente múltiples armas desde su automóvil hasta una de las puertas traseras del cine.

El tema volvió de nuevo a la palestra con el tiroteo de Orlando de 2016, cuando el criminal sencillamente entró en un establecimiento privado con un rifle y empezó a disparar. De nuevo nos encontramos con una situación en la que los dueños del establecimiento privado rechazaron adoptar medidas sencillas como controlar las entradas para evitar la gente con rifles o emplear personal de seguridad razonablemente bien entrenado que estuviera presente dentro del club.

Yo no fui el único que sugirió que tal vez, solo tal vez, establecimientos privados como del club nocturno de Orlando y el Aurora Theater pueden compartir alguna responsabilidad a la hora de impedir la violencia en sus instalaciones.

En respuesta a esta postura, muchos comentaristas (en su mayoría conservadores y libertarios) adoptaron una postura de que es absurdo esperar que los propietarios privados adopten medidas para impedir acontecimientos como ese. En su momento señalé la respuesta de la revista Reason como representativa de este tipo de pensamiento:

La revista Reason se ha (…) subido al carro de la absolución preventiva incondicional de los dueños de los cines ante cualquier posible responsabilidad. La escritora de Reason, Lenore Skenazy, afirma que centrarse en el peor escenario posible es “la peor manera de pensar en principio” y que ese pensamiento “promueve un pánico constante. La palabra para eso no es prudencia. Es paranoia”.

En otras palabras, la postura de Skenazy es que los propietarios privados deberían sencillamente suponer que no ocurrirán cosas terribles y actuar de acuerdo con ello. Si ocurren cosas malas, limitémonos a agitar las manos y declarar “¿quién podía pensarlo?”

Este tipo de pensamiento genera lo que consultor de seguridad Bo Dietl llama el “pánico, olvidar, repetir”. No es una aproximación seria a la seguridad.

Por desgracia, este problema se hecho evidente de nuevo con el tiroteo del último fin de semana en Las Vegas, que hasta ahora se ha cobrado al menos 58 vidas, haciendo de este el peor tiroteo masivo en la historia estadounidense moderno.1

Para perpetrar el atentado, el delincuente utilizó el hotel Mandalay Bay para actuar como francotirador, desde allí hizo llover muerte sobre una multitud reunida en un festival de música cercano. (Tanto el hotel como el lugar son propiedad de MGM Resorts International).

Al mismo tiempo, parece que los organizadores del evento no tomaron ninguna medida para impedir un tiroteo de esta naturaleza. La respuesta de la policía ante el atentado parece haber mostrado desorganización y falta de conocimiento acerca de la situación, lo que no resulta sorprendente.

El estado se protege a sí mismo

Algunos lectores se burlarán y dirán: “¿cómo podría esperarse prever una situación como esta de un francotirador?” En respuesta, sugiero este experimento mental: imaginar que un presidente de EEUU o algún personaje político importante hubiera estado presente en el festival musical. ¿Cómo creeríais que habría sido la seguridad? Habría habido personal de seguridad entrenado para controlar francotiradores, con observadores y francotiradores “buenos” en todo el perímetro.

Evidentemente, habríamos descubierto que, cuando afecta a gente “importante”, de repente importa considerar el peor escenario. ¿Pero proteger al público ordinario? Bueno, eso es solo “paranoia”, se nos dice. Por supuesto, el estado se dedica a proteger a su propio personal y sus propios intereses. Sin embargo, los organizadores del festival musical parecen haber confiado en una fe ciega como su principal defensa.

La importancia de una seguridad privada profesional competente en este caso también se ve en el hecho de que un buen número de personas privadas con armas de bolsillo habría hecho poco por impedir la situación. Incluso si los asistentes al festival hubieran podido descubrir rápidamente la fuente de los disparos (algo que parece improbable) un arma de mano habría tenido poca utilidad. La afirmación repetida a menudo por los activistas del derecho a portar armas de que llevarlas ocultas es la respuesta a todos los tiroteos no funciona en este caso.

Inacción de las fuerzas públicas y privadas de policía

Una seguridad privada no fue la única que pareció haber adoptado un punto de vista bastante abúlico de la situación.

Tras los tiroteos de Las Vegas, The Boston Herald entrevistaba al excomisario de policía de Boston (y actual consultor de seguridad), Edward Davis, acerca de la situación. Davis señala:

Siempre ha habido un temor, no tanto entre los jefes de seguridad como por parte de los policías, de que hubiera un ataque. Es el mayor temor hecho realidad.

Hay dos cosas que podemos sacar de esta afirmación. Para empezar, suponiendo que Davis tenga razón, sabemos que los jefes de seguridad del sector privado no estaban demasiado preocupados por que se produjera esta situación. Segundo, sabemos que la policía del sector público estaba preocupada. Aun así, parece que no se hizo nada para ocuparse de los temores por parte de ningún grupo.

Además, se ha reconocido desde hace mucho tiempo que Las Vegas es un objetivo del terrorismo, dado su estatus icónico. “Es, solo por su aspecto, un gran y brillante objetivo para terroristas islámicos”, añadía Davis. (Davis tiene razón en que es un objetivo. Pero se equivoca en que solo los asesinos “islámicos” están interesados).

Davis también confirman esta sospecha de que la seguridad del personal público en la zona ha sido sujeto de preocupaciones con respecto a la seguridad. ¿El público general? No tanto:

Trabajando en visitas presidenciales y con el Servicio Secreto, los francotiradores son una preocupación, pero no piensas en ellos con respecto a un concierto.

¿Y por qué no considerar la seguridad con respecto a un concierto? ¿Somos incapaces de recordar a los atentados de París de 2015? Este tipo de pensamiento basado en la amnesia es aparentemente lo mejor que puede ofrecer nuestro personal de seguridad. Si el personal de seguridad y sus empleados se hubieran tomado en serio la situación, podrían haber concluido que el lugar elegido para el evento no podría realizarse ofreciendo una seguridad suficiente. Indudablemente, si el servicio secreto concluyera que una ubicación no puede ofrecer suficiente seguridad para un personaje político, habría recomendado a dicho personaje político que no aceptarlos en absoluto. Tal vez los organizadores de conciertos en Las Vegas deberían tener el mismo nivel de cuidado con sus propios eventos.

La cura imaginaria para todo: el control de armas

Como era previsible, tras el tiroteo los defensores del control de armas ya han aprovechado la tragedia para impulsar la legislación que defienden. Les gusta retratar a EEUU como un lugar excepcionalmente violento y afirman que la razón es el poco control de las armas de fuego.

Por supuesto, se olvida la matanza del Bataclan en Francia, en la que hubo 130 muertos. Por supuesto, se olvidan las bombas de 2016 en el aeropuerto de Bruselas que se llevaron por delante 35 vidas. Se olvidan la avalancha de atropellos con vehículos, incluyendo la masacre de Niza en la que perdieron la vida 86 personas inocentes.

De hecho, si observamos matanzas masivas como estos atropellamientos y tiroteos públicos en 2016 y 2017 (excluyendo así el tiroteo del Bataclan de 2015), totalizamos aproximadamente 140 víctimas en Europa Occidental y aproximadamente 120 víctimas en EEUU (esto incluye el tiroteo de Orlando). Esta supuesta comparación entre los caóticos Estados Unidos y la serena Europa parece estar bastante equivocada.2

Además, mientras que las ventas de armas en Estados Unidos aumentaron continuamente en las décadas de 1990 y 2000, las tasas de homicidio bajaron. Leyes estrictas de control de armas son comunes en Latinoamérica y aun así las tasas de homicidio son mucho más altas en aquella región que en Estados Unidos, más cercano al laissez faire. Está claro que el control de armas no explica los distintos niveles de violencia sin la consideración de otros factores.

El gobierno no nos protegerá

Los tiroteos en lugares nocturnos y teatro sencillamente no son asuntos que requieran una política nacional. Tampoco el reto de impedir que terroristas conduzcan camiones a través de masas de juerguistas, como ocurrió repetidamente en Europa en años recientes. La prevención de estos casos requiere que el personal de seguridad del lugar emplee una seguridad competente para controlar lo que pasa en el interior de sus propios edificios de instalaciones.

La apelación instintiva a una política nacional como un control generalizado de armas, destaca sin embargo lo que ocurre cuando el sector privado confía alegremente en un gobierno desinteresado para que proporcione la seguridad en su lugar. En Estados Unidos, el Tribunal Supremo ha sentenciado (en Castle Rock vs. Gonzalez) que la policía no está obligada a proporcionar protección a los ciudadanos. Como consecuencia, la política de hecho es que las vidas de los agentes de policía tienen prioridad sobre las de los miembros del público. También significa que la policía pública está protegida frente a cualquier responsabilidad si estuviera ausente o fuera incompetente cuando maniacos homicidas se manifiesten entre el público. Así que no hay ninguna razón para esperar que las policías del sector público proporcionen seguridad en locales nocturnos, cines o grandes eventos públicos.

Tampoco hay ninguna razón para limitarse a sentarse y suponer que el control de armas nos protegerá. La experiencia en zonas con un alto control de armas como Latinoamérica, Rusia y Europa sugiere lo contrario.

¿Debería esperarse que los propietarios privados proporcionen seguridad?

Pero tan pronto como alguien sugiere que habría que esperar que los propietarios privados de locales de acceso público se tomaran en serio la seguridad, esta misma idea es denunciada por muchos como si fuera ir demasiado lejos. Para estos críticos, aparentemente, es mucho mejor limitarse a confiar en el gobierno y esperar que no pase nada.

Es fácil ver por qué el sector privado y sus defensores podrían oponerse vehementemente a la idea de que los propietarios privados tienen que hacer más. La seguridad privada es cara y podría aumentar los precios de los bienes y servicios. Si el sistema legal protege simultáneamente a estos propietarios de cualquier responsabilidad sobre acontecimientos supuestamente “imprevisibles”, no hay ninguna razón para que esperemos que hagan algo diferente. Las demandas del tiroteo de Aurora contra los dueños del cine fueron importantes porque pusieron en cuestión si debería considerarse responsable a un propietario privado que permitiera introducir tan fácilmente múltiples armas y crear un escenario de tiroteo masivo delante de sus narices.

Finalmente, el cine no fue considerado responsable y el abogado de los dueños del cine afirmó que el evento fue “impredecible, imprevisible, inevitable e indetenible”. Esta afirmación evidentemente no tiene sentido. Por supuesto que el tiroteo era evitable. Sencillamente no era evitable utilizando la mínima cantidad de tiempo y esfuerzo que los dueños del cine estaban dispuestos a dedicar a la seguridad del cliente.

¿En el futuro, continuaremos calificando a tiroteos de esta naturaleza como “imprevisibles”? Es verdad que, dado el tamaño de la población, los eventos de esta magnitud siguen siendo muy raros. Aun así, ¿cuántas veces debe producirse un evento de esta naturaleza antes de que se convierta en previsible? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que los clientes puedan tener una expectativa razonable de que los propietarios privados harán planes para impedir este tipo de amenazas?

La respuesta de algunas personas esta revelación será realizar declaraciones sensibleras de “es una vergüenza”. “¡Es una vergüenza que tengamos que vivir en un mundo en el que tengamos que preocuparnos por los francotiradores!” Tal vez. También es una vergüenza que vivamos en un mundo en el que no todos conducen a la velocidad establecida en las áreas residenciales. Si lo hicieran, no tendríamos que preocuparnos tanto por nuestros hijos cuando juegan fuera. Es una vergüenza que vivamos en un mundo en el que el avión en el que estas volando pueda funcionar mal y caer del cielo. Debido al error humano, la malicia y la estupidez, todos los días ocurren muchas cosas malas.

Muchas otras cosas malas se producen debido a una falta de voluntad de planear por adelantado. Y mientras continuemos declarando que cosas como tiroteos masivos en propiedades privadas son “imprevisibles” e “indetenibles” y que en general no merecen el esfuerzo necesario para impedirlas, nos quedaremos confiando en que las mismas instituciones públicas que no tienen ninguna obligación de proteger a los ciudadanos ante nada.

  • 1. El adjetivo “moderna” es necesario en este caso, ya que debemos excluir necesariamente la violencia de la frontera (cometida tanto por las milicias blancas como por las tribus indias) del siglo XIX para calificar a los tiroteos recientes como “los peores”.
  • 2. Incluye el ataque de Niza, el tiroteo de Múnich y varios atropellos en Londres y las bombas del aeropuerto de Bruselas. El caso de EEUU e incluye tanto los tiroteos de Las Vegas y Orlando como algunos otros tiroteos públicos más pequeños. Un atropello con camión en EEUU generó una muerte durante ese periodo de tiempo.

Ryan McMaken (@ryanmcmaken) is the editor of Mises Wire and The Austrian. Send him your article submissions, but read article guidelines first. Ryan has degrees in economics and political science from the University of Colorado, and was the economist for the Colorado Division of Housing from 2009 to 2014. He is the author of Commie Cowboys: The Bourgeoisie and the Nation-State in the Western Genre.

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