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Ni siquiera el Pentágono piensa que se necesitan los aranceles para la defensa nacional

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Tags Guerra y Política Exterior

03/10/2018

Cuando los políticos se quedan sin argumentos, su último refugio es a menudo afirmar que lo que quieren es “necesario para la defensa nacional”.

Dado que no hay argumentos económicos a favor de los aranceles, tiene sentido que la administración haya recurrido en su lugar al argumento político de la “defensa nacional”.

Así que incluso si la administración Trump se viera obligada a admitir que sí, que los aranceles son malos para las rentas y los niveles de vida de la mayoría de los estadounidenses, podrían seguir argumentando que todos deben hacer sacrificios por la defensa nacional.

¿Pero tienen alguna base estos argumentos?

En un memorándum del Departamento de Defensa (DoD, por sus siglas en inglés) en respuesta a la propuesta arancelaria del presidente, el secretario de defensa dice que los aranceles no son necesarios:

Los requisitos militares de EEUU de acero y aluminio representan solo en torno al 3% de la producción nacional. Por tanto, el DoD no cree que las conclusiones en los informes impacten en la capacidad de los programas del DoD para adquirir el acero o aluminio necesarios para atender los requisitos de defensa nacional.

“Los informes” mencionados son los informes del Departamento de Comercio a favor de los aranceles.

El memorando del Departamento de Defensa continúa defendiendo un arancel mucho más limitado del que quiere la administración Trump. Diciendo: “El DoD continúa preocupado por el impacto negativo sobre nuevos principales aliados con respecto a las opciones recomendadas dentro de los informes (…) unos aranceles específicos son preferibles a cuotas globales o aranceles globales”.

Luego el memorando concluye señalando que si la administración debe tener aranceles para el acero debería al menos esperar para imponer aranceles para el aluminio.

Dado que lo que más le interesa al Pentágono es exagerar las amenazas de seguridad para Estados Unidos, la oposición del departamento al ámbito y severidad de los aranceles de la administración destaca precisamente lo verdaderamente innecesarios que son los aranceles.

Al DoD le preocupa, como debe ser, que los aranceles dañen la relación de Estados Unidos con sus aliados y por tanto dañen los esfuerzos estadounidenses de seguridad.

Lo que es peor, los aranceles son dañinos para la fortaleza económica nacional, que la fuente real de todo el poder real estadounidenses, tanto directo como indirecto.

Implantar políticas que probablemente disminuyan la productividad y competitividad estadounidenses plantea en último término una amenaza directa para los esfuerzos de seguridad a largo plazo.

Como ha argumentado convincentemente el politólogo John Mueller, desde hace mucho ha sido la producción militar potencial de EEUU y no el presupuesto militar actual o la producción manufacturera actual lo que ha hecho que otros regímenes teman el conflicto con el ejército de EEUU. Ese poder potencial se mide en poder económico y productividad actuales.

¿Cuánto acero obtiene EEUU de China?

Pero incluso si EEUU tuviera que forzar la máquina y empezar a producir acero para armamento de la noche a la mañana, ¿en cuánto dependería de fuentes nacionales?

Bueno, como señala el propio Pentágono, solo necesita un 3% de la producción de EEUU.

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Ignoremos sin embargo esa cifra e imaginemos que el DoD necesita acero extranjero para fines militares

¿Cuánto del que necesitamos vendría de China?

Bueno, tal y como están las cosas, según datos del propio Departamento de Comercio, EEUU importa un 2,2% de su acero de China.

Ahora bien, la administración ha tratado de trucar esta cifra afirmando que los chinos realizan importaciones en la sombra de acero mediante el proceso de “transbordo”. Este se produce cuando los chinos exportan a algún otro país y luego ese país añade valor al acero y exporta el nuevo producto a EEUU.

La administración Trump deduce que esto ocurre mucho, aunque no han conseguido dar ningún dato que real que lo justifique.

Los investigadores fuera de la administración han estimado sin embargo que si se incluye el acero de origen en el transbordo, las importaciones totales de acero chino equivalen a aproximadamente el 4%.

¿Por qué es importante esto? Bueno, todo el argumento de la defensa nacional detrás de las afirmación de la administración se basa en la idea de que potencias extranjeras hostiles cortarían el acceso de EEUU al acero. En lo más alto de esta lista de “potencias hostiles” está China, por supuesto. El argumento también se basa en la idea de que, si ciertas potencias hostiles cortan el acceso al acero, también sería imposible cubrir la diferencia en importaciones con los aliados.

Pero, como hemos visto, China es una fuente muy pequeña de acero para EEUU y está fuera de los diez orígenes extranjeros de este metal en EEUU, siete de los cuales son aliados de EEUU desde hace tiempo, incluyendo Canadá, Japón, México, Brasil y Alemania. Canadá, que ha estado en paz con EEUU durante 200 años es, con mucho, e mayor exportador de acero a EEUU, suponiendo el 16,5% de todas las importaciones. Los países de la UE, Reino Unido y Australia juntos ofrecen un 15% adicional.

Y aún así a la administración le ha parecido apropiado imponer un aumento enorme en el arancel a todos estos aliados además de a China.

Solo China ha sido acusada de dumping y otras prácticas injustas, pero es una bandada de aliados militares de EEUU con los que comercio la que va a sufrir más dado su papel más prominente en el comercio del acero con los estadounidenses.

Es fácil ver por qué el Departamento de Defensa expresaba cautela hacia la imposición del plan global de aranceles de Trump. Enfrentarse sin necesidad a los aliados difícilmente contribuye a una buena defensa nacional.

Y finalmente está el hecho de que los aranceles al acero probablemente dañen realmente la productividad de los contratistas de defensa (y fabricantes en general) en EEUU.

Remy Nathan, de la Aerospace Industries Association escribe:

Este sector [aeroespacial] contribuye a la seguridad económica y nacional de Estados Unidos en parte facilitando el acceso a una cadena global de suministro para fabricar los mejores productos al mejor precio para nuestros clientes en un mercado internacional altamente competitivo. Necesitamos fuentes globales de aluminio y acero para seguir siendo competitivos y la demanda de estos productos está aumentando. Las cuotas pueden reducir nuestro acceso a estos materiales básicos. Los aranceles no se ocupan de todas las condiciones necesarias del mercado, como costes de energía, para que la producción de aluminio de EEUU siga siendo viable.

Antes de aprobar aranceles o cuotas sobre el aluminio y el acero, Trump debería considerar los impactos de los mayores costes, la menor oferte y perturbación de cadena de suministro en un sector de éxito que es un contribuidor clave para la economía de EEUU. La historia de nuestro país de imponer aranceles a materias primas como el acero no es buena. Un estudio financiado por la Consuming Industries Trade Action Coalition Foundation concluía en 2003 que los mayores precios resultantes de los aranceles más recientes impuestos sobre el acero importado en 2002 costaron más empleos en la economía en general de los que existían en el sector del acero en ese momento.

En otras palabras, impulsar al alza el coste del acero y el aluminio simplemente reduce las cantidades de recursos disponibles en EEUU para fines militares.

Pero esto no es probable que cambie las ideas de nadie en la Casa Blanca. Como muchos políticos antes que él, Trump justifica su política exterior invocando los escenarios arenosos más histéricos e improbables imaginables, al tiempo que pretende que no se puede planificar para esos escenarios.

Lo que se dice ahora es que EEUU debe estar preparado para la posibilidad de que todos los socios comerciales extranjeros priven de acero a EEUU, algo que tiene un 0% de posibilidades de producirse.

Además, es evidente que la administración no cree realmente que pueda ocurrir esto, ya que no tiene ningún problema en firmar enormes acuerdos de exportación de armas con estados extranjeros. La administración Trump ha estado impulsado abiertamente mayores ventas de armas a regímenes extranjeros, incluyendo el régimen de Arabia Saudita, que apoya terroristas. Otros receptores de armamento y ayuda militar estadounidenses incluyen a Turquía, India, Iraq, Egipto y Corea del Sur. EEUU incluso envía armas de Vietnam.

El Departamento de Estado de EEUU también proporciona miles de millones de financiación para la compra de armas a Egipto, Jordania, Iraq y Pakistán.

Así que se supone que operamos bajo el paranoico supuesto de que es probable que todo el mundo deje de comerciar con EEUU, mientras al mismo tiempo suministramos armas y ayuda a estos mismos países que suponemos que conspirarán para aplastar el acceso estadounidense al acero.

Evidentemente estas afirmaciones no son especialmente convincentes una vez consideramos el contexto completo.

Pero nada de esto importa, ya que está bastante claro que los motivos reales detrás a los aranceles de la administración están en otro lugar. El argumento de la defensa nacional es solo parte de una estrategia política mayor de poner sobre la mesa todas las justificaciones posibles y ver cuáles cuelan. En un momento la administración promueve los aranceles porque es “comercio injusto”. En el siguiente, es “crear empleos”. En el siguiente, es por la defensa nacional. Los aranceles están diseñados para proteger sectores concretos de forma que el presidente pueda apuntarse tantos políticos entre los votantes populistas.

Siempre ha estado claro que la buena economía nunca tuvo nada que ver con las políticas comerciales de la presidencia. Pero sus poco convincentes afirmaciones sobre defensa nacional demuestran que sus demás argumentos no son mucho mejores.

Ryan McMaken (@ryanmcmaken) is a senior editor at the Mises Institute. Send him your article submissions for Mises Wire and The Austrian, but read article guidelines first. Ryan has degrees in economics and political science from the University of Colorado, and was the economist for the Colorado Division of Housing from 2009 to 2014. He is the author of Commie Cowboys: The Bourgeoisie and the Nation-State in the Western Genre.

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