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Los beneficios “extraordinarios” no son un problema

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[Reimpreso de Free Market Economics: A Basic Reader, recopilado por Bettina G. Greaves]

De todos los aspectos el sistema económico de libre mercado, el papel de la obtención de ganancias por las personas es uno de los más polémicos. Un aire de disculpa parece incluir cualquier explicación de la obtención de ganancias, incluso entre aquellos que generalmente elogian la sociedad de mercado

Las empresas parecen obligadas a defender sus últimos informes financieros. Cualquier aumento en los beneficios se compara con periodos anteriores de pérdidas o beneficios “inadecuados”. Se muestra la relativa pequeñez de los beneficios en términos de capital invertido, ventas anuales o salarios totales. Los departamentos de relaciones públicas tiemblan cuando se informa del éxito de la empresa y se preparan para el previsible ataque que producirán esos informes favorables.

Entre las acusaciones más temidas está la acusación de que la empresa ha conseguido beneficios extraordinarios. Mientras que los beneficios “normales” podrían tolerarse, cualquier cosa por encima de la supuesta normalidad está sometida invariablemente a acusaciones públicas explotación. La implicación sutil es que los beneficios extraordinarios se producen como consecuencia de las pérdidas de algún otro. Mientras que la gente podría no tener en cuenta pequeñas injusticias, los grandes beneficios son sencillamente intolerables.

Este ataque masivo contra la obtención de beneficios refleja una creencia en que los beneficios son algo adicional, cuya eliminación generaría una mejora general en el bienestar humano, que los beneficios se ganan a costa de otros: son “inmerecidos” e “injustos”.

Esta mentalidad contraria al beneficio deriva de la imposibilidad de entender la verdadera naturaleza y fuente de los beneficios, la relación integral que existe entre pérdidas y ganancias y su importancia básica para el funcionamiento del sistema de mercado. Es una incapacidad de entender que un ataque contra los beneficios, incluso los beneficios excesivos o extraordinarios, es un ataque contra el propio sistema de mercado.

Dentro del marco de un sistema de precios de libre mercado, los beneficios muestran qué productores han satisfecho mejor los deseos de los consumidores. Los beneficios aparecen como resultado de acciones realizadas anteriormente por esos productores de más éxito al prever y atender las demandas de los consumidores. Los beneficios muestran lo bien que un productor ha empleado recursos escasos en el pasado hacia la satisfacción de deseos de los consumidores. Los beneficios son un historial de experiencia, una recompensa por servicios prestados satisfactoriamente.

Sin embargo, el proceso de obtención de beneficios no es lo mismo que la cantidad de beneficios obtenidos. Los beneficios ganados en el pasado no sirven como guía concreta para actividad productiva futura, aunque el hecho de que se ganaron pueda ofrecer esperanza de futuros beneficios. Una actividad pasada rentable en una forma concreta de producción no garantiza nada acerca del futuro. Los intentos de imitar actividades que han sido rentables han generado muchos fracasos empresariales.

La oportunidad de obtención de beneficios deriva de los valores cambiantes de los consumidores a lo largo del tiempo y el reflejo de estos valores cambiantes sobre los precios. La persona que prevea correctamente estos cambios que se producen en los precios del mercado y actúe de acuerdo con su previsión, será la que obtenga beneficios.

Ajustándose al cambio

Si el hombre fuera omnisciente o sus valores permanecieron estáticos, no existiría el concepto de pérdida y ganancia. Pero la falibilidad y el cambio son parte de la condición humana y afectan necesariamente al comportamiento económico del hombre.

Los precios actuales del mercado son reflejos de valores previamente mantenidos por consumidores y de la producción que generaron esos valores. Los precios así establecidos serán demasiado altos o demasiado bajos con respecto a las condiciones del mercado de mañana, condiciones que solo podrán conocerse conociendo el futuro, algo que es imposible.

Sin embargo, el que obtiene beneficios debe intentar lo imposible. La incertidumbre sobre el futuro se antepone a toda acción humana. El hecho de que los precios futuros sean inciertos no disuade de actuar al potencial ganador de beneficios.

Es este potencial de obtención de beneficios el que proporciona la motivación y el incentivo del emprendedor para la producción. El emprendedor identifica recursos en el mercado actual que cree que poseerán mañana un valor superior en el mercado. Si su previsión acerca de los valores futuros de los consumidores es correcto, puede conseguir un beneficio. La magnitud del beneficio dependerá del grado de cambio en los precios futuros del mercado y la decisión empresarial de actuar bajo su pronóstico.

Cuando el aumento de los precios sea grande, el empresario que tenga los recursos afectados experimentará grandes beneficios. La identificación de esta evolución como beneficios excesivos o extraordinarios ha sido enormemente equívoca. El hecho de que no previera el grado exacto de cambio en los precios no es justificación para negar al propietario de los recursos su derecho a la ganancia.

El concepto de beneficio extraordinario se limita a observar que pueden conseguirse grandes ganancias por cambios drásticos en las evaluaciones de los consumidores y su consiguiente impacto sobre los precios del mercado. El propietario de los recursos afectados experimenta un aumento drástico y repentino en el valor de su propiedad. Pero, si las evaluaciones de los consumidores cambian en dirección contraria, los precios del mercado pueden caer igual de repentina y drásticamente, causando pérdidas extraordinarias a los dueños de los recursos así afectados.

Las pérdidas o beneficios extraordinarios sencillamente destacan el riesgo de la actividad productiva, derivada de los valores cambiantes de los consumidores. Aunque el empresario trata de calcular las condiciones futuras del mercado, no es omnisciente. Una infravaloración de los precios futuros puede generarle un beneficio más alto del que preveía cuando asumió la acción productiva, pero ese mismo beneficio superior se convierte en un imán para la llegada de nueva actividad competitiva.

Una guía fiable

Con el sistema de pérdidas y ganancias como guía, los empresarios en competencia deciden qué recursos habrá que dirigir hacia el consumo futuro. La rentabilidad prevista atrae el capital productivo de los empresarios, pero el beneficio último está determinado por las acciones de los consumidores. La agudeza del empresario a la hora de juzgar las demandas de los consumidores decidirá si va a conseguir en el futuro pérdidas o ganancias.

Un contribuidor importante a un mercado que funcione correctamente es el muy difamado especulador. Como emprendedor, el especulador actúa previendo los valores cambiantes de los consumidores. Su compra y venta de recursos crea un mercado más ordenado, reduciendo las fluctuaciones erráticas en los precios y conteniendo así la magnitud y gravedad de las pérdidas y ganancias. Una previsión adecuada del especulador mitiga los errores de los precios de recursos y las consecuentes grandes pérdidas y ganancias producidas por los cambios en los gustos de los consumidores.

Una vez se entiende que los beneficios derivan de las acciones de los consumidores, deja de tener sentido hablar de los beneficios como “justos”, “normales”, “excesivos” o cualquier otra cosa.

La decisión sobre cómo asignar los recursos existentes a su uso futuro la realizan los empresarios sobre la base de su interpretación de las acciones de los consumidores en el mercado del futuro. A través del consiguiente retorno de pérdidas y ganancias para el empresario, el consumidor está indicando constantemente a este cómo dirigir los recursos escasos hacía la mejor satisfacción de sus deseos.

La relación entre el empresario y el consumidor se parece mucho a la de una custodia revocable. El custodio-emprendedor asignar recursos en beneficio del custodiado-consumidor, una relación perpetuada por los beneficios y revocada por las pérdidas. A través de la señal de estas pérdidas y ganancias del consumidor dirige al productor.

El atractivo de la obtención de beneficios es el catalizador de la actividad productiva. Desencadenado por una división empresarial sobre el estado futuro del mercado, los recursos se dirigen continuamente hacia un uso productivo esperanzado. La solidez de la decisión original se refleja en las pérdidas y ganancias generados por la aventura. Sin alguna perspectiva de que los beneficios apoyen la decisión original no se llevaría a cabo ninguna actividad productiva. No podría resolverse el problema de determinar cómo deberían asignarse los recursos. No habría ninguna respuesta a la voluntad del consumidor en el mercado. El mercado estaría en un estado de caos.

El problema esencial se refiere a los derechos de propiedad

La polémica real acerca el concepto por de beneficios excesivos o extraordinarios se produce sobre quién debería ser el beneficiario de estos posteriores cambios no previstos en los precios del mercado. El problema esencial en esta polémica es el de los derechos de propiedad. En un sistema de libre mercado el empresario pone en riesgo su propiedad en una actividad productiva con la esperanza de obtener un beneficio. Si su juicio de la demanda futura de los consumidores resulta correcto, su propiedad aumenta de valor y se beneficia. El grado de esta ganancia está por tanto determinado por el consumidor. En un sistema de mercado de propiedad privada las ganancias corresponderán por tanto al dueño de la propiedad.

Igualmente, la carga de las pérdidas extraordinarias la asume el empresario. Si dirige su propiedad a actividades productivas posteriormente rechazadas por los valores cambiantes de los consumidores, él es el responsable de su decisión errónea. La abstención repetida de compra por parte de los consumidores causa una caída en el valor de su propiedad y una pérdida para el emprendedor. Dentro de un sistema de mercado como este, el empresario pone en riesgo su propiedad, con una pérdida o ganancia que deriva de los gustos cambiantes del consumidor.

La idea de que los beneficios extraordinarios se producen a costa o pérdida de otro es patentemente falsa. Derivan de las mismas fuerzas que producen pérdidas extraordinarias: los cambios en los valores de los consumidores. Ese resultado extraordinario se debe a la incertidumbre futura y debería corresponder a los propietarios que exponen su propiedad a los riesgos de producción.

Las pérdidas o ganancias derivan de los valores cambiantes de los consumidores

Una vez se entiende que pérdidas y ganancias derivan de los valores cambiantes de los consumidores, resulta evidente que es imposible abolir los beneficios extraordinarios o las pérdidas extraordinarias. La falibilidad y el cambio son parte de nuestra naturaleza y son inevitables tanto los grandes errores como los grandes cambios. Negar al emprendedor las pérdidas o ganancias derivadas de dicho error o cambio no elimina las ganancias o pérdidas: elimina a los emprendedores, perturba el mercado y acaba dejando a todos bajo la mano muerta del control público.

Mientras los consumidores continúen expresando sus valores cambiantes en el mercado, continuarán materializándose beneficios, previstos o no. La única cuestión es si la ganancia en el valor de la propiedad del empresario debería corresponder al dueño o a algún otro.

Cuando el gobierno trata de convertirse en el beneficiario de los beneficios extraordinarios, solo puede perturbar los procesos productivos del mercado. Los ajustes naturales en oferta y demanda que se producen en el mercado libre se ven perturbados y se desarrolla posteriormente un desequilibrio. La señal urgente de los consumidores de una mayor producción, que es la esencia de los beneficios extraordinarios, no puede escucharse o atenderse por los productores, para quienes está cerrado el mercado. Las consecuencias últimas deben ser inevitablemente precios más altos para los recursos afectados. Así que la expropiación de los beneficios extraordinarios no solo es contraproducente, sino que también niega la soberanía del consumidor en la estructuración de la sociedad.

Si la persona como consumidora retiene su libertad personal, si sigue siendo la fuerza soberana en la estructuración de la sociedad, debe ser libre para reflejar totalmente en el mercado sus valores cambiantes. Esto requiere que la señal de pérdidas y ganancias permanezca sin alteraciones. Pues esa es la única señal a la que los empresarios pueden responder razonablemente.

Robert G. Anderson taught economics and business management at Grove City College, Pennsylvania, before joining the Foundation for Economic Education.

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