¿Qué hace peligrosa la IA? El Estado

¿Qué hace peligrosa la IA? El Estado

04/09/2018Per Bylund

Así que vi “Do you trust this computer?”, una película que “explora las promesas y peligros” de la inteligencia artificial. Aunque señala tanto lo bueno como lo malo, se centra evidentemente en cómo la IA podría producir “el fin del mundo como lo conocemos” (EFDMCLC). Es decir, si queda sin regular.

Sin embargo, es extraño que los ejemplos de IA de EFDMCLC fueran “armas autónomas” y “noticias falsas” esto último debido a cómo puede proporcionar una vía para que un dictador apoyado por una minoría se haga con el poder. Aunque entiendo (y temo) ambas cosas, los ejemplos tienen algo en común, pero no es la IA.

Ese algo es el Estado. Sólo los ejércitos del Estado y los grupos que tratan de alcanzar el poder en un Estado tienen interés en “robots asesinos”. También son desarrollados por y para esos grupos. El problema de las noticias falsas y la “influencia indebida” también se relaciona con el poder sobre el Estado. Ni las armas ni las noticias falsas requieren IA. Aun así, en un extraño giro, los productores de la película hacen de ellas un problema de IA. Peor aún: acaban la película indicando que el principal problema es que la IA “no está regulada”.

Pero esto es completamente ilógico: ¿cómo puede ser al mismo tiempo el Estado el problema y la solución?

Por el contrario, se nos pretende hacer creer que es problemático que Google registre nuestras búsquedas en la web y Facebook conozca nuestros amigos y creencias (“¿debido a las armas autónomas?”). Aunque estoy de acuerdo en que está feo, ninguna de ambas empresas está reclamando decidir sobre la vida y la muerte. De hecho, funcionan bajo la regulación más dura, que es el mercado. Porque están realizando inversiones para ganar dinero y solo se puede ganar dinero de una de dos maneras: ofreciendo algo que la gente quiere y está dispuesta a pagar (los medios “económicos” de Oppenheimer) o sencillamente quitándoselo a la gente contra su voluntad (medios “políticos”). Las empresas actúan de acuerdo con lo primero, lo que significa que están sometidas a la merced de los consumidores. El Estado funciona de acuerdo con lo segundo.

No, no estoy diciendo que la capacidad de jugar con las emociones de la gente, engañarla mediante información “falsa”, etc. no sea problemática. Estoy diciendo que la película olvida completamente el elefante en la habitación y además sugiere que este es la solución.

La lógica está basada en una ilusión, si no en una ideología: un rechazar ver lo que está evidentemente allí. La solución sencillamente no es una solución: si el estado “regulara” cómo usan Google y FB la IA para escudriñar los datos y dar a la gente lo que quiere ver, ¿qué hace que alguien piense que esto también se aplicaría al Departamento de Defensa o la NSA y sus datos, que no se recogen voluntariamente de los consumidores, sino en secreto? Y esto último es mucho más probable que pase con las armas autónomas. La película incluso dice que es así, pero parece pasar por encima de ese problema.

Para ilustrar la diferencia entre los medios políticos económicas de Oppenheimer, consideremos dos crisis recientes de confianza. La debacle de Cambridge Analytical hizo que Facebook cambiara inmediatamente su negocio al perder sus propietarios miles de millones cuando se desplomó el valor de la empresa. Ese valor se basa en la voluntad de la gente de usar el sitio web y sus aplicaciones para continuar compartiendo contenido. El hashtag #DeleteFacebook dañaba a los propietarios. Comparemos esto con lo que reveló Snowden: que el Estado espía a todos. Los datos se recogen en parte en empresas que al mismo tiempo se ven obligadas a cumplir con esas solicitudes y están obligadas formalmente a no decir nada acerca de ello. Sí, la filtración desató muchas emociones, pero ¿qué pasó con la vigilancia del “estado profundo”? Probablemente nada. Salvo tal vez algunas nuevas rutinas y probablemente más dinero para controlar filtraciones.

¿Cuáles son más problemáticos, los medios “económicos” que están sometidos a la confianza (en realidad, al capricho) de los consumidores o los medios “políticos” no sometidos al conocimiento ni la supervisión e irresponsables en absoluto porque es un secreto y porque pagamos por ello lo queramos o no?

Añadamos a esto cómo a estos últimos les interesa y tienen como objetivo tanto las armas autónomas como mantener/reclamar el poder del Estado. Es bastante evidente que la primera no es una solución utópica perfecta, pero es una que claramente tiene un mecanismo interno de control, porque se basa en el valor, mientras que la otra no, incluso se basa en realizarse en un completo secreto y a nuestra costa (involuntariamente). Sin embargo, esta última por alguna razón se trata en la película como la (¿“única”?) solución. Eso tal vez funcione bien sobre el sesgo de confirmación de la gente, porque hemos aprendido en la escuela y queremos creer que el estado “somos nosotros”. Vale, pero no somos nosotros espiándonos y fabricando armas autónomas. De hecho, sería difícil creer una decisión política de “dejar de desarrollar” esas armas. ¿Quién cree realmente que no continuarían haciéndolo a pesar de decir exactamente lo contrario?

De hecho, no hay ningún inconveniente si sencillamente se miente y finge. Mientras que, si es grave, las empresas pueden desaparecer de la noche a la mañana si la gente deja de confiar en ellas: su valor se habría esfumado. Así que la lógica de la película sencillamente no funciona, no tiene sentido. No puedo dejar de pensar que fabricar máquinas que piensen a “nuestro nivel” no puede ser tan difícil, si este es el estado de la inteligencia humana, nuestra capacidad de llegar lógicamente a conclusiones a partir de los datos disponibles. Y no puede ser difícil para las máquinas reconocer patrones reales y llegar a las conclusiones correspondientes.

Pero tal vez no debería sorprenderme que los productores de la película no entiendan la economía a un nivel esencial: señalan la automatización como un enorme problema, porque nos crea más valor con un coste menor. Perderíamos empleos. Oh, no. Pensar en esto esta mañana de lunes.

Aquí está el enlace para quien esté interesado. Parece que era gratis hasta ayer. Hoy cuesta 3,99$ visionarlo.

Tomado de @PerBylund en Twitter.

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Trump nombra otro candidato a la Reserva Federal aprobado por Obama

04/17/2018Tho Bishop

En ningún campo ha diferido más el presidente Trump de su retórica de campaña que en el de la política monetaria. Ayer Trump anunció los nombramientos de Richard Clarida y Michelle Bowman al Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal, ocupando el primero el papel de vicepresidente. La nominación de Clarida en particular ejemplifica lo poco inspirados que han sido los nombramientos de Trump, ya que fue uno de los finalistas para la presidencia de la Fed bajo Obama hasta que pidió que no se considerara su nombre. Es curioso, ya que eso hizo que Jay Powell, el nuevo presidente de la Fed de Trump, ocupara su puesto.

Richard Clarida, antiguo cargo del Tesoro de Bush, trabaja actualmente como profesor en la Universidad de Columbia y asesor de Pacific Investment Management Co.  Es un neokeynesiano que ha publicado mucho sobre “política monetaria óptima”. (Guido Zimmerman tiene un interesante artículo en QJAE sobre el tema con referencias a algunos trabajos de Clarida).

En relación con sus opiniones sobre políticas, ofrece un interesante contraste con su compañero Marvin Goodfriend, cuya nominación se ha paralizado el Senado. A favor de Clarida, rechaza el apoyo de Goodfriend a los tipos negativos de interés, llegando a cuestionar su legalidad por parte de la Fed. En su papel de asesor en Pimco, su análisis ha cuestionado la eficacia del activismo monetario contemporáneo. Como coescribió en un análisis de junio del 2016:

En años recientes hemos descrito “cabalgar una ola” de intervenciones del banco central mientras se han ido desarrollando en distintos países diversas políticas no convencionales, generando retornos en los precios de los activos. Esta cabalgada ha funcionado bien en el pasado. Sin embargo, mirando por encima del horizonte, los retornos decrecientes en las intervenciones del banco central (y el potencial de activismo político para hacer más mal que bien, notablemente en el caso de la política de tipos negativos) se aconseja ir en contra de esa postura.

Por supuesto, también disiente en un área en la que Goodfriend piensa bien: el uso del balance de la Fed. Goodfriend ha advertido que la compra de activos que no son del Tesoro por parte de la Fed, como los títulos con respaldo hipotecario, la ponen en el negocio del asignación del capital. Por el contrario, Clarida piensa que la Fed fue demasiado moderada en la compra de activos tras la crisis financiera.

Como señala Matthew C. Klein, de Barron’s:

Clarida pensaba que la Fed podría haber respondido eficazmente a las recesiones comprometiéndose a comprar tantos bonos (incluyendo bonos hipotecarios y bonos corporativos) como fuera necesario para “limitar” los tipos de interés a los niveles que hubiera querido:

“Mucha de la literatura existente o se equivoca completamente o infravalora lo robusto que puede ser un programa de compra de activos a gran escala para rebajar los rendimientos de los bonos y/o los diferenciales de crédito (…) un banco central puede siempre y en todo lugar poner un mínimo a cualquier precio de un activo nominal (o serie de precios de activos nominales) durante tanto tiempo como quiera (…) Mientras el banco central esté dispuesto a comprar un volumen ilimitado de esos bonos (incluyendo potencialmente todos los valores existentes) al tipo de interés al que quiera poner un máximo, tendrá éxito. Y por supuesto, el razonamiento anterior también se aplica directamente a un programa de compra de activos a gran escala dirigido hacia los bonos corporativos o valores con respaldo hipotecario”.

La Fed tuvo éxito en poner un máximo en los costes de los préstamos al gobierno de Estados Unidos en la década de 1940 y esta experiencia fue citada por el personal de la Fed a mediados de 2003. Aunque la idea no consiguió atraer a los legisladores estadounidenses, el Banco de Japón ha usado con éxito el “control de la curva de rendimientos” para limitar los rendimientos de los bonos públicos japoneses desde 2016. La postura de Clarida en 2010 sugiere que le gustaría algo similar, tal vez incluyendo también bonos hipotecarios y bonos corporativos, si estuviera en la Fed en la próxima recesión.

En lo que se refiere a la reforma de la Fed, probablemente Clarida sea un aliado para los republicanos de la Cámara que han presionado para que la Fed adopte un marco de política monetaria basada en reglas. Clarida lleva mucho tiempo escribiendo acerca de las ventajas de un marco basado en normas e incluso tiene su propia versión “mirando al futuro” de la regla de Taylor.

Como miembro con voto de la Fed, Michelle Bowman también tendrá importancia sobre el futuro de la política monetaria, pero, hasta donde yo sé, no ha hecho ningún comentario público sobre el tema. En lugar de ser una economista, es una jurista que tuvo una larga carrera de Washington. Trabajó con el senador Bob Dole, el Comité de Transporte de la Cámara, el Comité de Supervisión de la Cámara, la FEMA y el secretario de seguridad nacional, Tom Ridge. No es el mejor currículo para secar el pantano.

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¡Devolved los tipos de interés!

04/17/2018Jeff Deist

Dejad que aumenten los tipos de interés. Mejor aún, dejad que funcionen los tipos de interés en el mercado, completamente independientes de los intentos del banco central de establecer o dar objetivos de tipos.

¿Cómo? No a través de un proceso ridículamente pequeño y lento de reducción de la Fed, sino a través de una venta completa y agresiva que los activos que siguen contaminando el balance de la Fed desde que esta empezó a comprar agresivamente esos activos a los bancos comerciales en 2008.

Esta fue la crítica de los tres intervinientes en nuestro evento de Nashville este último fin de semana: los tipos de interés tienen que aumentar para que pueda producirse alguna verdadera recuperación económica. La manipulación de los tipos de interés por la Fed y otros bancos centrales causa distorsiones incalculables en toda la economía. Hasta que no estemos dispuestos a ocuparnos de este problema, ningún cambio fiscal ni de política monetaria tendrá mucho sentido ni tendrá mucho efecto saludable. El dinero y el crédito continuarán dirigiéndose hacia usos por debajo del óptimo, los inversores se verán obligados a continuar buscando rendimientos en el casino de los mercados bursátiles y el Congreso (además de otros parlamentos occidentales) continuará produciendo déficits anuales de billones de dólares sin preocuparse mucho por el pago de la deuda.

Tal vez lo peor de todo es que el mundo continuará creyéndose un cuento: que la Fed realmente recapitalizó los bancos comerciales de EEUU en la crisis de 2008 y a través de rondas sucesivas de QE sin dolor ni consecuencias. ¿Tenemos que creer realmente que la base monetaria que sostiene a la divisa de reserva del mundo puede cuadruplicarse en menos una década sin causar ningún daño perdurable? ¿Que el exceso de gasto bruto del Congreso puede desaparecer sencillamente haciendo que la Fed proporcione un mercado para deuda del Tesoro con tipos minúsculos de interés? ¿O que los tipos de interés no deberían tener ninguna relación con los hábitos de ahorro de la sociedad?

Todo esto desafía la credulidad, que es por lo que precisamente la política monetaria confía tanto en la jerga tecnócrata y los procesos opacos: quieren confundirnos o aburrirnos para que no prestemos atención. Y así se tira para adelante, políticamente y a nivel político. Así es como nos hemos convertido en una sociedad con una alta preferencia temporal casi sin darnos cuenta.

Podéis escuchar aquí estas interesantes presentaciones del Dr. Robert Murphy, Carlos Lara y yo mismo (pronto habrá vídeos en el mismo enlace).

Estos extractos de mi discurso tratan de recordar al oyente que nada de esto es normal, de hecho es todo lo contrario. No hace mucho las sociedades prósperas se basaban en la noción de acumulación de capital, de producir más de lo que consumían, beneficiando a la siguiente generación con este proceso.

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Este es el cambio fundamental y básico que tiene que ocurrir. Necesitamos tipos de interés positivos, reales, tipos con sentido por encima de las tasas de inflación. Tenemos que recompensar el ahorro si pretendemos tener una economía creciente o sostenible.

No es una exageración decir que los tipos de interés dirigen la civilización.

Son las señales más importantes de una economía. Todo deriva de ellos, porque el coste de tomar prestado afecta al coste de casi todo.

Este es el punto de partida fundamental e inevitable para construir no solo una economía real, sino una cultura real. Toda sociedad rica acumula capital, toda sociedad rica produce y ahorra más de lo que consume y toma prestado. El deseo humano de dejar algo a generaciones futuras explica por qué todos nosotros hoy estamos rodeados de esplendor, en este restaurante, disfrutando de condiciones que nuestros abuelos no podrían siquiera haber imaginado.

Para hacer esto se necesitan verdaderos tipos de interés reales, precios del mercado para el dinero. Ahorradores y tomadores de préstamos, oferta y demanda, tienen que encontrarse. Tenemos para esto un mecanismo, que se llama mercado. Sin precios de mercado hay socialismo, lo contrario de los mercados.

¿Por qué entonces no protestan contra la planificación centralizada monetaria los economistas que en lo demás defienden el mercado libre?

El tipo de interés más importante es el tipo de los fondos federales, el tipo al que los bancos comerciales se prestan entre sí durante una noche si tienen que cumplir requisitos de reserva para sus préstamos. La Fed controla este tipo o le marca un “objetivo”, manipulando la cantidad de reservas que tienen los bancos en sus cuentas en la Fed. Los bancos con altas reservas no necesitan tomar prestado mucho de otros, así que el tipo de los fondos de la Fed permanece bajo y desde 2008 los bancos comerciales han recibido intereses sobre las reservas extraordinarias depositadas en la Fed, lo que anima a mantener balances altos y mantiene bajos los tipos.

Todos los tipos de interés comercial (por ejemplo, el interés que pagáis por vuestra hipoteca) deriva del tipo de los fondos de la Fed a partir de una base de coste más beneficio.

Pero cuando la Reserva Federal en la práctica mantiene los tipos de interés por debajo de los que habría habido naturalmente, crea una terrible desconexión entre prestamistas y prestatarios. Y esta desconexión causa increíbles distorsiones en toda la economía. Como dice David Stockman, debido a los bancos centrales, no hay en ningún lugar precios honrados para los bienes: sencillamente no sabemos, por ejemplo, cuánto debería costar un barril de petróleo, una fanega de trigo o un Honda Accord. La Fed ha distorsionado el precio más importante de toda la economía: el tipo de los fondos federales.

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La acción de Trump en las tierras públicas en Utah no es una privatización

12/04/2017Ryan McMaken

Como hemos señalado muchas veces en mises.org, la cantidad de tierra propiedad del gobierno federal en los estados occidentales es enorme. Hoy controlan 640 millones de acres (sin contar las áreas mucho mayores de propiedad federal de la plataforma costera). Y en la mayoría de los estados occidentales el gobierno federal posee más de un tercio de todos los terrenos. En el caso de Utah, el gobierno posee el 65%.

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Y es probable que el gobierno federal continúe poseyendo al menos el 65% de las tierras de Utah, a pesar de una reciente decisión de la administración Trump de recortar dos monumentos nacionales creados por la administración Obama en sus meses finales.

En un artículo titulado “Ruled by DC: Get the Feds Out of Western Lands”, me ocupaba de los dos nuevos monumentos:

En los últimos días de su administración, el presidente Obama ha decidido que, con un golpe de pluma, aumentará el control federal directo consolidado sobre los terrenos dentro de los estados occidentales. En concreto, Obama creó el Bear Ears National Monument y el Gold Butte National Monument en Utah y Nevada, respectivamente. La administración Obama afirma que el decreto unilateral de Obama era necesario porque el Congreso no había aprobado ninguna legislación sobre la materia.

De hecho, el secretario del interior nombrado por Obama declaró que “proteger la zona usando legislación habría sido preferible”, pero que, en ausencia de legislación, sencillamente era necesario declarar que las tierras eran monumentos nacionales.

Ahora, la administración Trump ha anunciado que hará algo distinto:

El presidente Donald Trump dijo el lunes que recortará dos monumentos nacionales en Utah que contienen maravillosas vistas de piedras de arena roja, reliquias históricas y recursos energéticos, argumentando que su predecesor se excedió al proteger el terreno (…)

“Algunas personas piensan que los recursos naturales de Utah deberían estar controlados por un pequeño puñado de burócratas muy lejanos ubicados en Washington”, dijo Trump. “Se equivocan. Las familias y comunidades de Utah conocen y aman más estas tierras y tú eres quien sabe mejor cómo cuidar de tu tierra”.

Si se echa un vistazo a los reportajes en los medios de comunicación sobre este asunto, podría tenerse la impresión de que la tierra está dejando de ser terreno federal, algo que no está pasando.

No hay ninguna indicación de que los terrenos se vayan a “privatizar” de ninguna manera. Por el contrario, parece que buena parte de los terrenos sencillamente volverán a su antiguo estatus, que era el de territorio federal administrado por la Oficina de Gestión de los Terrenos o el Servicio Forestal.

De hecho, este artículo de Jason Chaffetz lo confirma:

En el caso del Bear Ears National Monument todo ese terreno ya era federal, gestionado en su mayor parte para conservación. Con la designación como monumento del presidente Obama el mantenimiento recaía sobre el ya ahogado Servicio de Parques Nacionales. Muchos de estos terrenos estuvieron en un tiempo gestionados con éxito por otras agencias (como la Oficina de Gestión de los Terrenos o el Servicio Forestal) y podrían serlo de nuevo.

A pesar del hecho de que estos terrenos “públicos” (es decir, propiedad del gobierno) parece que continuarán siendo terrenos públicos, un observador afirmaba que esta acción es: “el mayor ataque contra los parques y terrenos públicos de la historia nuestra nación”.

Puede que los políticos locales quieran privatizar el terreno. Para que eso ocurra, tendrían que pasar antes dos cosas:

  1. El terreno tendría que entregarse al gobierno estatal o local.
  2. El gobierno estatal o local tendría que privatizar luego los terrenos, a menudo con las objeciones de los votantes locales.
  3. O el gobierno federal podría vender directamente el terreno (la orden de Trump no hace esto).

Pero supongamos que se produce realmente la primera condición y millones de acres de terrenos federales se entregan al gobierno de Utah. Bueno, eso evidentemente no es privatización.

Pero incluso si el estado de Utah controlara los terrenos, todavía tendría que ocuparse de la predecible oposición de los residentes locales. Esto incluiría deportistas y comerciantes locales, personas que no son en realidad izquierdistas amantes de los árboles.

El propio Chaffetz sufrió esto cuando impulsó una legislación que desfederalizaba 3 millones de acres (de 640 millones de acres) de terrenos federales. No le fue muy bien con los cazadores, por decirlo suavemente. Pero la gente del lugar también sabe que los terrenos salvajes pueden ser una fuente de dinero para el sector turístico local.

En otras palabras, la desfederalización de terrenos está lejos de la privatización de terrenos.

Pero para cualquiera que esté fuera de Utah, esto no debería ser asunto suyo. Si los terrenos federales se convierten en terrenos de Utah (como debería pasar con todos los terrenos federales dentro de las fronteras de cualquier estado de EEUU), entonces se convierten en un asunto local de la gente de Utah.

Y en el oeste, la mayoría de los votantes aman sus terrenos públicos.

Una advertencia: hemos oído mucho acerca de cómo varios grupos de tribus indias han apoyado la designación de los dos monumentos porque son un importante “paisaje cultural”.

Pero pasa esto: o estos terrenos son terrenos indios o no lo son. Si son terrenos indios, entonces lo que hay que hacer es hacerlos terrenos tribales y no terrenos federales (Los terrenos tribales son importantes y debería haber más).

Pero si no son realmente terrenos tribales, su administración tienen que ser estatal o local o privada. Después de todo, la propiedad de grandes zonas de terreno es solo otro “poder” que el gobierno de EEUU se inventó para sí mismo.

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